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Libros publicados en 2007

El retorno de los magos

Información de contraportada:

Durante su cruel guerra fraticida los dioses cohabitaron con los humanos a los que arrastraron en su locura. La estrecha y tensa confraternización de ambas razas durante la contienda también generó frecuentes pasiones que en otros tiempos se hubiesen tildado de contranaturales. Fruto de aquellas uniones surgieron los titanes, que heredaron las fortaleza e inteligencia de los dioses pero no su longevidad ni su pigmentación azulada. Al término de la guerra que los enfrentaba entre sí, los dioses descubrieron con temor el creciente poder de los titanes. Eran sus hijos, pero también una consecuencia no deseada de su odio y su lujuria. No tardaron en tomar una determinación: debían exterminarlos a todos. A consecuencia de ello se vieron envueltos en una nueva guerra, esta vez unidos los supervivientes de la anterior, contra los titanes. La ganaron, aniquilaron hasta el último de ellos y después se alejaron del mundo que tantas amarguras les había proporcionado. Pero junto a los fuegos de la contienda surgió un romance entre un titán y una diosa. Él murió asesinado como todos los de su especie, pero no sin antes dejar su semilla en el vientre de su amada. Veinte años después, lo que duraba el período de gestación en los dioses, nació Cromber, el último titán.

 

En los comienzos de la Era de Rankor, aquel fruto del amor y del odio, contaba 29 inviernos, había recorrido ya de Oeste a Este todo el Gran Continente y las islas del Norte, dominaba más de cinco idiomas y sabía escribir en al menos dos de ellos. Durante esos años se dice que fue aventurero, soldado, ladrón, mercenario, pirata, gladiador e, incluso, filósofo. Su vida era entonces la de un vagabundo errante, sin patria a la que servir, ni dios al que adorar, ni mujer a la que amar... Había vivido los dos últimos años retirado en las islas Bitta, dedicado a la meditación. Ahora los crecientes rumores que llegaban del este le habían impulsado a volver al Gran Continente. Hablaban de una nueva divinidad (Rankor) en cuyo nombre el Imperio Hamersab, al que sirvió en el pasado, se había embarcado en una guerra santa (Deiblad) para imponer su culto al resto de los pueblos.

 

Más que la amenaza de la guerra, lo que despertaba la curiosidad de Cromber eran los comentarios acerca de la presencia en los ejércitos hamersab de poderosos magos con dominio sobre las mentes y los elementos, de caballeros sagrados que cabalgaban sobre reptiles alados (Grai-Ar), de sanadores capaces de curar cualquier herida, de naves voladoras (Drekaim) que surcaban los cielos con un poder devastador...

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