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Libros publicados en 2012

Los héroes

«Los héroes» describe el enfrentamiento de dos grandes ejércitos en un territorio imaginario. Nos encontramos ante una narrativa eminentemente épica –que no fantástica-, con interminables batallas campales descritas con todo lujo de detalles, seguidas por interludios que acrecientan la tensión y resultan, si cabe, aún más interesantes por las posibilidades que brindan a la trama de desarrollar la evolución de personajes y líneas de acción.

 

Una de las mejores novelas épicas que he podido disfrutar en años. Por realismo, trama, personajes y tratamiento de la guerra en su absoluta crudeza, una obra prácticamente magistral; a mi juicio, una de las tres o cuatro mejores novelas “fantásticas” de autor extranjero publicadas en 2012

Los héroes

Tras unos inicios un tanto titubeantes en los que se alternaba ciencia ficción, fantasía y terror vampírico, la colección Runas de Alianza se ha consolidado como uno de los referentes en nuestro país de la moderna fantasía épica, con autores estrella como Joe Abercrombie (especialmente recomendable su trilogía de La Primera Ley, publicada en una quincena de países, y a la que siguió su no menos espectacular «La mejor venganza»), Scott Lynch («Las mentiras de Locke Lamora», «Mares de sangre bajo cielos rojos»), Robert V.S. Redick («La conspiración del lobo rojo», «Las ratas y el mar que gobierna») y Jon Courtenay Grimwood («La espada maldita»), entre otros.

 

En todos los casos, se trata de una narrativa de calidad, ambientada en universos medievales prototípicos o en siglos pasados más proclives a la aventura y la heroicidad, con argumentos particularmente realistas que procuran aumentar la verosimilitud de la historia a costa de que a veces sea realmente difícil aplicar el calificativo de fantasía a alguna de estas narraciones. En cualquier caso, novelas capaces de atraer a un público amplio no necesariamente aficionado al género; es decir, autores que venden fuera o dentro de colecciones especializadas, que es una vieja aspiración de muchos escritores y editoriales. Si a ello unimos una edición excelente a cargo de una editorial de amplia solera como es Alianza, tenemos entre manos un producto extraordinario.

 

«Los héroes» describe el enfrentamiento de dos grandes ejércitos en un territorio imaginario. Por una parte, las fuerzas del norte lideradas por Dow el Negro, que agrupa en sus filas a varios clanes guerreros encabezados por sus cinco Jefes: Glama Dorado, Cairm Cabeza de Perro, Brodd Tenways, Scale (hijo mayor de Bethod, anterior rey de los hombres del Norte) y Caul Reachey, suegro del infame hermano de Scale, el apodado “príncipe” Calder, además de diversos aliados de circunstancias, como el salvaje gigante El Extraño que Llama.

 

Por otra parte, el ejército imperial dirigido por el Lord Mariscal Kroy, comandante en jefe de los ejércitos de Su Majestad en el Norte, asistido por sus tres generales de división: el inexperto -aunque viejo amigo del rey- general Jalenhorm, el temerario Mitterick y Lord Meed, ambicioso gobernador de Angland. A ellos también se unen aliados de compromiso, como los unionistas del Sabueso.

 

En este segundo ejército se encuentra uno de los personajes principales de la novela: el coronel Bremen dan Gorst, observador real de la Guerra en el Norte y maestro espadachín caído en desgracia que en su día fue Primer Guardia del Rey. Gorst desea desesperadamente recuperar su prestigio perdido encabezando hazañas temerarias en las que no le importa arriesgar irresponsablemente su vida, porque no hay en ella nada ni nadie por los que merezca la pena seguir existiendo excepto, quizá, la bella y díscola hija del mariscal Korst, Finree, casada con uno de los oficiales con mayor proyección del ejército y de quien se siente perdidamente enamorado. Para más inri, Gorst es objeto de mofa por la soldadesca por su timbre de voz excesivamente aguda, que lo acompleja sobremanera.

 

El contrapunto al heroico coronel Gorst es Curnden Craw, un mercenario curtido en mil batallas que capitanea una “docena” para Dow el Negro. Un superviviente nato con una rodilla dañada que le condena a una pronunciada cojera, y que anhela abandonar definitivamente las armas para acoger la tranquilidad de la vida civil. Curnden es un hombre de honor, respetado por compañeros de armas y enemigos, y su máxima es intentar hacer siempre lo correcto.

 

El “príncipe” Calder es otro personaje complejo. Tachado de cobarde y desterrado por su apuesta por la paz con el Sur, el hijo menor del anterior rey en el norte es un hombre pusilánime aunque sumamente astuto, un estadista interesado que sabe que en tiempos de paz un hombre de su condición puede medrar y enriquecerse, al contrario que en tiempos de guerra donde predomina la ley del más fuerte. Aspira a la corona que Dow el Negro arrebató a su padre, y conspira sin más apoyo que el de su propia esposa.

 

Junto a ellos aparecen decenas de personajes secundarios que enriquecen una trama que, básicamente, consiste en el enfrentamiento épico de dos concepciones de ejército muy diferentes entre sí: uno (teóricamente) más profesional y disciplinado, mucho mejor pertrechado aunque sometido a las rigideces de la cadena de mando y a tácticas militares de vieja escuela; y otro organizado en clanes tribales, basado en el liderazgo del más fuerte, pero también más flexible tácticamente y mejor conocedor del terreno.

 

El poderoso ejército del Lord Mariscal Kroy empuja a las huestes enemigas a un constante aunque lento repliegue hacia su capital cuando Bayaz, el Primero de los Magos, el mayor representante del Consejo Cerrado de nobles y, de facto, la voluntad del rey, hace acto de presencia en la sala donde se reúne el alto mando con un mensaje de su majestad el emperador en el sentido de que urge concluir la campaña debido a su alto coste en términos financieros, de prestigio y oportunidades perdidas. Por su parte, Dow el Negro se muestra impaciente por presentar batalla tras meses de improductivas escaramuzas, por lo que decide concentrar sus fuerzas en un terreno que le es propicio.

 

El lugar elegido para presentar batalla es el valle de Osrung, un pequeño asentamiento agrícola en mitad de un nudo de comunicaciones. Miles de hombres convergen en el citado punto, cuyo centro está dominado por una pequeña colina con un círculo de piedras megalíticas en su cumbre conocida como los Héroes. Ambos bandos habrán de enfrentarse en una de las batallas más sangrientas que se recuerdan, una contienda de tres días de duración que dirimirá por siempre el destino del Norte.

 

La novela se articula en un prólogo, titulado “Orden de Batalla”, que presenta personajes y facciones enfrentadas (algo que suele ser habitual encontrar al final del volumen en forma de apéndices) y cinco partes suficientemente explícitas: Antes de la Batalla, Primer Día, Segundo Día, Tercer Día y Después de la Batalla. Un detalle diferenciador muy interesante consiste en que cada una de estas partes presenta un mapa del valle con un despliegue de fuerzas cambiante que sigue la evolución de la batalla.

 

Se trata, indiscutiblemente, de una obra coral, con multitud de personajes y cursos de acción que permiten seguir los acontecimientos desde puntos de vista muy diferentes, lo que mejora sus posibilidades dramáticas y aumenta notablemente su nivel de verosimilitud. El cambio frecuente de perspectiva permite introducir un gran nivel de subjetividad y surgen así los enfoques más originales de la novela: un personaje secundario describe la matanza en primera persona hasta que muere y es sustituido por otro, que ocupa su lugar hasta que igualmente muere y es sustituido por otro, y otro, y otro (como si estuviéramos ante un gran travelling, una orgía salvaje de sangre y miembros amputados en una sucesión de muertes subjetivas que es pura adrenalina), o cuando reconocemos a un actor principal en ojos de otro secundario, generalmente mera carne de cañón que en la presente historia adquiere el protagonismo que merece.

 

Abercrombie realiza una magnífica disección de la vida castrense, de los despropósitos del escalafón militar, de los gobernantes obtusos y las miserias de la alta política, que tienen en común la manipulación y el absoluto desprecio de las personas en beneficio propio por parte de quienes detentan el poder. Apenas se explicitan los motivos de la lucha; realmente, poco importan para quienes deben dejarse la piel en el barro en uno de los dos bandos enfrentados, constituidos por hombres no muy diferentes entre sí y que comparten los mismos anhelos, esperanzas y temores, lo que demuestra que todas las guerras son absurdas y fraticidas.

 

Por ello, es bastante lógico que todos los personajes manifiesten una actitud muy cínica ante las duras condiciones de vida que les ha tocado en suerte. Hombres curtidos que, ante la proximidad de la muerte, adoptan un rol de auténticos filósofos de la supervivencia, capaces de emitir hondas reflexiones sobre la crudeza de la guerra, lo absurdo de la existencia o la estupidez humana y sus contradicciones, en forma de multitud de aforismos -“Una guerra no es el lugar más adecuado para las heroicidades”, “La guerra es un 99% de aburrimiento y un 1% de terror acojonante”- y momentos cumbre que dejan una profunda impronta en el lector.

 

Nos encontramos ante una narrativa eminentemente épica –que no fantástica, por cuanto en el libro solo aparece un detalle de cariz mágico, sin importancia real en la trama-, con interminables batallas campales descritas con todo lujo de detalles, seguidas por interludios que acrecientan la tensión y resultan, si cabe, aún más interesantes por las posibilidades que brindan a la trama de desarrollar la evolución de personajes y líneas de acción. El desenlace incierto de los combates y la suerte que puedan correr los diferentes protagonistas permiten augurar un final decisivamente apoteósico.

 

Sin lugar a dudas, Joe Abercrombie es un autor experimentado que sabe manejar los recursos de que dispone de una manera eficaz para ganarse el beneplácito del lector. Su agilidad narrativa resulta digna de admiración, es un maestro en la creación del tono y clima más adecuados a cada escena, describe situaciones con una enorme naturalidad, sus diálogos suenan coloquiales, sus descripciones son siempre excelentes y la caracterización de personajes excepcional; sin olvidar, por supuesto, sus abundantes golpes de efecto que ofrecen inesperados y muy emocionantes giros en la trama.

 

«Los héroes» es una de las mejores novelas épicas que he podido disfrutar en años. Por realismo, trama, personajes y tratamiento de la guerra en su absoluta crudeza, una obra prácticamente magistral; a mi juicio, una de las tres o cuatro mejores novelas “fantásticas” de autor extranjero publicadas en 2012. Un libro voluminoso que pronto se convierte en un completo pasapáginas.

 

 

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