

Los que recuerdan
-Texto de contraportada-
La Tierra lleva casi un siglo ocupada. Doce naves cruzaron el cielo en 2134 y en once horas se acabó el mundo: no con una guerra, sino con una cosecha. La humanidad fue reclasificada como recurso, sus ciudades quemadas por orden alfabético de importancia y su idioma prohibido por decreto.
Cien años después, los humanos ya no nacen: se fabrican. En los Núcleos de Creación se producen cuerpos clonados marcados con líneas de sangre, sin lengua, sin nombres, sin memoria. Hasta que una unidad de carga ve a su guardián a los ojos durante cinco segundos que ningún algoritmo sabe clasificar, huye, y cae en la última casa de la Hermandad del Recuerdo: una familia de contrabandistas que lleva cien años guardando, de cuerpo en cuerpo, lo único que el imperio no sabe confiscar, porque no pesa. La Declaración de los Derechos Humanos. Un alfabeto escondido en el trenzado de las cestas. Los nombres de sus muertos, con los oficios al lado.
Nace entonces la rebelión que ningún imperio podía prever: no de armas, sino de memoria. Un despertar que se contagia por golpecitos en las tuberías, por velas encendidas en las puertas, recitado en el turno con la vista baja. Porque el imperio lo registra todo... y no registra nada de lo que de verdad pasa.