El gusano de fuego
Ian Watson
Ed. Equipo Sirius – Transversal Terror

Novela. Inédita. Mayo 2003
262 páginas. Precio: 15 €

 

En una época actual marcada por el estigma del SIDA, John Cunningham se gana la vida como psiquiatra especializado en “terapia de reencarnación”. Su alter ego es Jack Cannon, escritor de novelas de horror, que planea utilizar el material del último paciente, Tony Smith -aquejado de una impotencia derivada del miedo al SIDA-, para su próxima novela. John no cree realmente en la reencarnación sino que utiliza la regresión a vidas pasadas mediante hipnosis como medio de aflorar problemas reales, que el sujeto extrapola a existencias anteriores e inventadas por su subconsciente. Como en un juego de cajas chinas, Tony comienza a desgranar diversas vidas pasadas, siempre en los alrededores de la localidad costera de Tynemouth, profundizando en el origen de su problema:

 

·         En la década de los 50, Ted y Gavin (alter ego de Tony) son amigos pese a su diferencia de edad. Ambos muchachos comparten carácter retraído y, en el caso de Gavin, reprimidas tendencias homosexuales. Aprovechándose del despertar sexual de su amigo, Gavin le incita a visitar una cueva conocida como el Agujero de Jingling Geordie, en la que sienten una presencia ominosa durante su esporádico encuentro sexual. A las pocas semanas, Ted empieza a padecer síntomas cada vez más claros de embarazo, situación a la que planean poner fin ideando una especie de aborto. Pero la monstruosa criatura que da a luz no pertenece a nuestro espacio-tiempo, un ente primigenio capaz de atraer a la roca y para siempre a aquellos que toca en la mente.

 

·         Tony es ahora Harry Bell en 1843. Su perspicacia le ha llevado a seguir hasta la misma cueva a un buscavidas y un famoso domador, que apuestan desalojar al monstruo para repartirse sus riquezas. Allí su mente es tocada por el extraño ser; desde entonces, como Gavin, sentirá hasta su muerte una irresistible atracción hacia la cueva, que le impele a cumplir un avieso objetivo: forzar en ese lugar a su novia.

 

·         Robert de Neville (que es Harry, Gavin y Tony) es heredero de un señorío en 1314. Secuestra a un alquimista para que fabrique oro y, aunque la empresa tiene éxito, provoca un desastre que libera a una criatura elemental invocada por el fuego alquímico, una especie de salamandra o gusano de fuego.

 

Dada la complejidad del caso, John decide comprobar la veracidad de los datos facilitados por su paciente. Tanto Ted como Gavin existieron realmente, entonces ¿conocía Tony la historia o hay algo verídico en su participación? Por otra parte, el relato es demasiado poderoso como para que el morboso Jack permaneciera al margen, así que interviene con intención de lucrarse personalmente. El desenlace se complementará con otros personajes secundarios pero necesarios, en una conclusión compleja articulada como un perfecto mecanismo de relojería.

 

Ian Watson es sin duda un autor para minorías. Su originalidad, inconformismo y complejidad –argumental, no formal- le hacen incompatible como producto convencional. Tampoco parece gozar del favor de premios y galardones, que apenas adornan su currículo (British Science Fiction por El modelo Jonás, Apollo francés por Empotrados). Entonces, ¿por qué está considerado por la crítica internacional como uno de los mejores autores de género? Quizá porque probablemente lo sea, y así lo ha entendido Equipo Sirius que no ha tenido inconveniente en incluirlo en una colección donde es excepción entre autores de habla hispana.

 

Watson no hace ascos a tratar ciertos temas considerados esotéricos y, por tanto, tradicionalmente ajenos a la temática de género (reencarnación, OVNIS en Visitantes Milagrosos); tampoco se arredra ante argumentos especialmente complejos como los modelos de lenguaje (Empotrados) o de muy difícil inclasificación, como El jardín de las delicias o Carne. Todos ellos títulos ciertamente sorprendentes, a contracorriente. Incluso su incursión en el terreno de la franquicia con la Trilogía de la Inquisición no puede calificarse como ortodoxa. En este libro mezcla elementos de horror, ciencia ficción y ficción histórica, con nociones de psiquiatría, alquimia, hipnosis… A su término, que gustará más o menos, el lector podrá comprobar cómo los personajes han sido encajados perfectamente en diferentes épocas, reiterando roles y experiencias (no sólo Tony sino también el resto de personajes que le acompañan: John, su madre y la secretaria, todos atraídos hacia el área de influencia del misterioso gusano). De forma paralela, se reiteran miedos y mitos característicos: el temor al SIDA transmutado del miedo a la guerra nuclear, el fantasma que oculta un tesoro o la piedra filosofal. A decir verdad, el relato gira siempre en torno a la psique y el subconsciente; así, si el monstruo (que siempre es invocado por una pasión extrema: deseo salvaje, loca avaricia, la sangre o locura), representa un problema latente, un análisis freudiano básico indica que la cueva es la vagina y el gusano el pene, y ambos deben reconciliarse para que el problema quede resuelto.

 

Pero no sólo Tony posee claros problemas psicológicos. John utiliza a Jack como su particular válvula de escape. Si al principio no está claro si posee una personalidad disociada o se trata de una forma de organizar el tiempo entre dos trabajos diferenciados -aunque los diálogos interiores hagan sospechar lo primero-, la historia de Tony provoca el golpe de timón definitivo para que la personalidad de Jack termine imponiéndose. Es interesante comparar este argumento con novelas como La mitad oscura, de Stephen King, donde aparece también un escritor que comparte su tiempo escribiendo novelas de horror; si en la novela de King el protagonista refleja un horror más íntimo, Watson utiliza sus personajes como un catalizador que le permita aflorar la historia, que por otra parte recuerda/homenajea al clásico La guarida del gusano blanco, de Stoker.

 

Otro interesante aspecto colateral del texto consiste en apreciar los efectos que la psicosis ante el SIDA ha provocado en la sociedad. Indudablemente, las costumbres han cambiado: se retorna a un puritanismo forzoso, la vestimenta evita prendas insinuantes (incluso se impone el velo que evite picaduras de mosquitos), el reclamo sexual desaparece de la publicidad, desciende el número de mascotas y se acentúan otros valores como salud, familia o realización personal. El sistema médico se tambalea al ritmo de la economía mundial en una “visión empobrecida de un futuro xenófobo poblado de muerte”.

 

Pero no todo es perfección en la novela. La historia de Harry Bell posee digresiones y aburridos interludios que inciden en aspectos sociales y políticos de una época convulsa, tan innecesarios como largos y mal digeridos (a ratos parecen insertos de la Enciclopedia Británica). Sucede lo mismo con la historia de Robert de Neville y sus luchas políticas, en donde se muestra una imagen poco ortodoxa del sabio mallorquín del siglo XIII Ramón Llull. Watson pasa de lo trascendente a lo irrelevante, quizá procurando ofrecer un toque realista a sus personajes, pero incurriendo en ocasiones en el peor de los pecados del narrador: aburrir soberanamente.

 

Pese a una portada digamos que mejorable (cuando menos, se ajusta al argumento), la edición española a cargo de Transversal puede calificarse de notable. La traducción destaca por el elevado número de notas a pie de página, que aclaran satisfactoriamente los complejos juegos de palabras y referencias culturales empleadas por el autor; no obstante, incurre en errores menores que un corrector de estilo debiera haber evitado, como olvidar traducir palabras (“Algeria”, “abjecto”) o justificar el uso del original en otras (“seance” por sesión de espiritismo, “reverie”, “blazer”). Como curiosidad, la historia de Ted y Gavin posee entidad propia (“La cueva donde Geordie gimió”, Gigamesh 22) y sirvió al autor para, un par de años después, extender a novela el relato publicado en 1986 en la revista británica Interzone.

 

 Valoración: 7,5

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