[Literatura Fantástica] Revista Gigamesh, 43 (Gigamesh)

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Libros publicados en 2006

Revista Gigamesh, 43

Gigamesh, 43

Comentario:

 

La aperiódica pero más esperada publicación española de género fantástico sorprendió a propios y extraños con un excepcional volumen dedicado al vampiro y otras formas de sexualidad menos tradicionales. Un número que supuso, a la postre, la despedida de su director Juanma Santiago, caracterizado por la búsqueda de contenidos más arriesgados y comprometidos con la calidad, si cabe, que su anterior director Julián Díez; una apuesta que hacía de «Gigamesh» una publicación hasta cierto punto elitista y no del todo accesible para el aficionado medio, a costa –o sin lograr, al menos- la ansiada periodicidad largamente deseada.

 

Desde mayo de 2006, fecha de su aparición, no han aparecido nuevos números de la revista, por lo que mucho me temo que este hecho pueda haber supuesto la hibernación (al menos temporal, una más en su larga trayectoria) de esta veterana publicación, pese a que, al parecer, dispone del siguiente número completamente maquetado y teóricamente podría salir en el siguiente servicio de novedades de la editorial (que, como es norma en la casa, carece de fecha de salida).

 

Un número tan especial debía contar con una portada acorde a sus pretensiones transgresoras, una ilustración equívoca y tan provocativa en lo implícito como provocadora en lo explícito. En torno a la citada figura del vampiro como icono de la sexualidad alternativa, Santiago reúne un ramillete de relatos y artículos de excepcional calidad literaria y especulativa, para ofrecer el “dossier sobre sexualidad y género fantástico más serio y riguroso que ha aparecido en revistas especializadas españolas”. Un número tremendamente original que trasciende la literatura para adentrarse en el terreno de lo didáctico y pedagógico.

 

El resto de la revista prosigue en su tono habitual, con reseñas y comentarios de libros que demuestran en su mayoría gran nivel... aunque una parte de los reseñadores siga primando su propio estilo personal por encima del objeto de análisis. En definitiva, una excelente oportunidad para comprobar el punto de vista del “otro”, de asimilar y debatir ideas altamente especulativas que es, en definitiva, la esencia misma de la ciencia ficción. No se me ocurre mejor homenaje a la labor de Juanma en «Gigamesh» que comentar éstos sus últimos relatos publicados.

 

 

Incluye:

"«Agenesia congénita de la ideación sexual», por K. N. Sirsi y Sandra Botkin" de Raphael Carter

"Los nuevos alienígenas de la ciencia ficción" por Nicola Griffith

"En grupo" de Robert Silverberg

"Reflexiones sobre el sexo virtual en grupo y la inseguridad masculina: "En grupo", de Robert Silverberg" por Pere Gallardo

"Ciencia ficción y teoría queer" por Wendy Pearson

"«El ansia»: Avatares de una noble vampiro en Manhattan" por David G. Panadero y Jesús Fernández

"El útero de la noche" de Lawrence Schimel y Billie Sue Mosiman

"La última lamia: vida, pasión y muerte de Erzsébet Báthory, la condesa sangrienta" por Francisco J. Ortiz

"Una hermosa desesperación: sexo y dolor, a propósito de «Hellraiser», de Clive Barker" por Francisco J. Ortiz

 

Valoración: Notable alto

 

"«Agenesia congénita de la ideación sexual», por K. N. Sirsi y Sandra Botkin" (“Congenital Agenesis of Gender Ideation, by K.N.Sursi & Sandra Botkin”, «Starlight #2», 1998), de Raphael Carter(1)

 

Escrito a la manera de un artículo científico, la tesis del relato se centra en describir la forma en que nuestro cerebro crea y asimila conceptos relativos a la identidad sexual. Así, experimentando con individuos que padecen síndromes no perceptivos o lingüísticos sino cognitivos -como el teórico gen de la agenesia de la ideación sexual, que provoca la genagnosia o incapacidad para determinar el sexo de las personas y, por extensión, el género de los objetos- el autor “demuestra” que dichos sujetos pueden comprender pero no asimilar las diferencias sexuales debido a que se encuentran en radical desacuerdo con su experiencia y sentido común.

 

Carter urde un cuento que, con ingenio y sumo rigor científico, pone en duda “nuestras ideas preconcebidas y la capacidad de reconocimiento de la realidad que nos rodea”. Por supuesto, el lector es consciente de que en algún momento el autor traspasa la frontera de lo real para adentrarse en el terreno especulativo, pero carece de base científica de tan alto nivel para saber exactamente cuando, lo que dota a la historia de una mayor sensación de verosimilitud. Un relato aséptico y en extremo racional, despojado de cualquier atisbo de belleza formal y muy exigente para con el lector, cuya extrema originalidad e inteligencia de planteamiento recuerda autores como Ted Chiang o Greg Egan.

 

Para concluir, me permito reproducir algunas conclusiones del texto de desoladora clarividencia: “Puede que realmente nos aferremos a ideas erróneas porque nuestra organización mental así lo exige”, “Quizá rechacemos la evidencia cuando nuestra mente es incapaz de aprehenderla” y, sobre todo, “Acaso la ciencia sea permanentemente incapaz de alcanzar ciertas verdades”. Sobran los comentarios.

 

(1) Relato que ganó el premio James Tiptree Jr. de 1998, que premia las obras de ciencia ficción y fantasía que favorezcan el entendimiento entre sexos

 

Valoración: Notable alto

"Los nuevos alienígenas de la ciencia ficción" (“The New Aliens of SF”, «Nebula Awards #30», 1996) por Nicola Griffith

 

Mediante la premisa (evidentemente falsa, pero que sirve al propósito de abrir un debate autocrítico) de que los escritores varones retratan con mayor verosimilitud a los alienígenas que a las mujeres, la escritora americana repasa la imagen de la mujer en la historia del género, y la aportación de autoras como Ursula K. Le Guin, James Tiptree Jr., Octavia Butler, Joanna Russ, o la propia Nicola Griffith.

 

El problema de este ensayo es que la autora cae en el reduccionismo que pretende denunciar, convirtiendo la tesis inicial en una especie de guerra de sexos. Pese a que se pueda estar de acuerdo en el análisis del problema, molesta sobremanera las maniobras torticeras de la autora para reforzar su postura, forzando ejemplos y obviando excepciones (1); lamentarse de que algunos autores se limitan a una mera inversión de roles masculino/femenino y asegurar que fueron las autoras de los 60’ quienes “se encargaron de la tarea de hablar sobre lo alienígena” (en relación al componente sexual) supone, de facto, minusvalorar la obra de escritores de la talla de Samuel R. Delany, Philip José Farmer y tantos otros. Pero, además, en su argumentación cae en la burda simplificación de adjudicar de manera harto ingenua determinadas características o roles masculinos a alienígenas varones: líderes guerreros, vigor físico, etc. (¿por qué no imaginar roles femeninos dominantes, como en algunas sociedades matriarcales, o hermafroditas o asexuados?) estereotipo que la propia naturaleza se ha encargado de contradecir en multitud de ejemplos y contraejemplos.

 

Su visión de la mujer -como conjunto prácticamente disjunto de la humanidad, con peculiaridades que pocos autores (2) han sabido captar-, resulta difícilmente compartible. Incluye asertos que afirman que para escribir de forma realista (por ejemplo, acerca de la homosexualidad) es necesario formar parte de ello (¿no basta con conocerlo suficientemente o, incluso, imaginarlo?). Incluso sorprende, por paradójica, su falta de aprecio de obras tan emblemáticas en este terreno como «La mano izquierda de la oscuridad», de Ursula K. Le Guin. La ciencia ficción es hija de su tiempo y, aunque con frecuencia se limite a reflejar en sus personajes los estereotipos de la época (al igual que sus miedos y obsesiones), sin duda es el campo literario donde más y mejor se pueden transgredir las normas establecidas por la sociedad. Tanto por parte de hombres como de mujeres.

 

(1) Así, por ejemplo, cuando habla de la imagen masculina de los androides de los años 40 y 50, la autora olvida citar que el icono por antonomasia del androide desde finales de los años 20’ es la María de «Metrópolis»

(2) Reproduzco, literalmente: “los hombres, claro está, no son los únicos culpables. Las mujeres carentes de imaginación -es decir, *todos* los hombres pero no todas, sino sólo aquellas mujeres carentes de imaginación- cometen los mismos errores y usan los mismos clichés al retratar personajes gays masculinos”. Sin olvidar "perlas" como afirmar que el tema del sexo ha llegado a la ciencia ficción porque existe el premio Tiptree.

 

Valoración: Interesante

"En grupo" (“In the Group”, «Eros in Orbit», 1973), de Robert Silverberg

 

En una sociedad donde la tecnología ha convertido en obsoleto el trabajo y la posesión personal carece de sentido, la máxima expresión de entrega personal es el amor en grupo. El sexo se practica siguiendo un calendario preestablecido de cópulas, que une a dos individuos de un mismo grupo -generalmente ubicados en poblaciones remotas- mientras la experiencia es compartida por el resto de miembros a través de diversos canales sensoriales; pertenecer a uno u otro grupo es libre, incluso se considera socialmente tolerable un breve periodo de abstinencia. Dado que cualquier individuo puede sentir lo que sienten los demás, sin poder ocultar ni fingir sus sentimientos más íntimos, las uniones resultantes sólo pueden ser fruto de la sinceridad, sin mediar interés, dominación o discriminación alguna. Es la utopía del amor… pero no para Murray, quien cree estar secretamente enamorado de Kay y desea fervientemente una unión física completa y exclusiva. En pleno acto grupal, Murray no puede dejar pensar en Kay, y sus pensamientos son irremediablemente transferidos a sus horrorizados compañeros.

 

Relato particularmente brillante de la época dorada de Silverberg, un texto visionario (anticipa nada menos que el sexo virtual ¡en 1973!) de un altísimo nivel especulativo aunque estilo más bien parco. Por temática, podría alinearse con las antiutopías libertarias tipo «Un mundo feliz» o «La fuga de Logan», en las que se alienta el hedonismo y la promiscuidad sexual como forma de mantenimiento del propio sistema y donde la desviación de la norma se castiga con el ostracismo. En esta sociedad descrita por Silverberg se ha producido una inversión de la normalidad (1), por lo que el deseo de posesión y amor exclusivista de Murray sólo puede ser calificado como patológicamente aberrante, obsceno y egoísta. No es de extrañar que, en consecuencia, sus amigos intenten reeducar su conducta mediante una terapia particularmente dolorosa (2), lo que a la postre provoca resultados catárticos.

 

(1) Discrepo completamente con la definición de sociedad ofrecida en la presentación del cuento: no se trata en absoluto de “una sociedad cada vez más superficial y despersonalizada” sino una cultura que encarna diferentes valores que no tienen por qué coincidir con los de la sociedad occidental contemporánea ni ser, por tanto, considerados negativos. De hecho, los amigos de Murray demuestran su fidelidad intentando por todos los medios ayudarle a corregir su conducta asocial.

(2) Que en más de un aspecto recuerda a «La naranja mecánica».

 

Valoración: Notable alto

“Reflexiones sobre el sexo virtual en grupo y la inseguridad masculina: "En grupo", de Robert Silverberg”, (“Reflections on Virtual Sex Group, Sex and Male Insecurity: R. Silverberg’s "In the Group"", «Foundation», 1983), por Pere Gallardo

 

Pere Gallardo, profesor universitario acostumbrado a utilizar la ciencia ficción como recurso al servicio de la enseñanza, analiza el relato anterior desde una perspectiva complementaria y enriquecedora: centrándose en la particular psique del personaje. Para ello se sirve de un sencillo aunque clarificador esquema que establece las relaciones intragrupales.

 

Tras señalar, a modo de preámbulo, algunos ejemplos de educación sexual promovida por la cúpula dirigente en obras clásicas de ciencia ficción (que poco o nada aportan al caso), el autor entra de lleno en la tesis del ensayo: la justificación del deseo de retorno a la sexualidad tradicional monógama y posesiva inspirada por el amor como una involución del personaje y su transformación en un preadolescente impotente; en definitiva, un complejo de inferioridad en toda regla relacionado con su incapacidad de competir con el resto de miembros del grupo. Aunque se pueda estar de acuerdo con la lógica de pensamiento del autor (evidentemente, Murray se sirve de una imagen idealizada del amor para mitigar su incapacidad sexual), Gallardo no parece conceder relevancia alguna al hecho de que este comportamiento obedece a un estímulo irreprimible e indeseado, derivado posiblemente de una respuesta química hormonal más que motivado por la voluntad o las circunstancias del entorno.

 

Un ensayo de indudable valor pero que incluye gran número de citas entresacadas del original absolutamente innecesarias y fastidiosas teniendo el original presente, publicado por vez primera en la revista británica «Foundation», dedicada al ensayo dentro del terreno de la ciencia ficción.

 

Valoración: Notable alto

"Ciencia ficción y teoría queer" (“Science Fiction and Queer Theory”, «The Cambridge Companion to SF», 2003), por Wendy Pearson

- Premio Hugo de ensayo 2005 -

 

El sexo, la política, la cuestión racial… siguen siendo temas tabú para la generalidad de la ciencia ficción, cuando son los grandes temas que afligen a la humanidad. Nada impide tratarlos, pero su complejidad, miedo a ser alineado como partidario o detractor de una determinada postura o el simple hecho de no estar de moda impiden ser tratados con el interés y frecuencia que merecen. A pesar de ello, en el pasado no faltaron las voces que abordaron con valentía estas temáticas (Heinlein, Varley, Sturgeon, Delany, Russ…) y hoy día, gracias entre otros a la teoría queer y al premio James Tiptree, Jr., no faltan historias que tratan con naturalidad la sexualidad en las relaciones humanas.

 

Pero, ¿en qué consiste exactamente la teoría queer? Un cambio de paradigma o mentalidad que nos permita “abordar no sólo obras literarias de temática LGTB (Lesbiana, gay, transexual y bisexual) sino, fundamentalmente, trascender la dicotomía entre homosexualidad y heterosexualidad y construir un futuro mejor en el que la sexualidad sea un elemento esencial para la construcción de la nueva sociedad futura”. Por supuesto, la teoría queer no se circunscribe únicamente a prácticas sexuales, sino fundamentalmente a las relaciones entre sexos; relaciones siempre humanas (el sexo alienígena merecería un capítulo aparte), tanto ortodoxas (unión heterosexual para formar una familia biparental) como alternativas.

 

Con perspectiva, seriedad e inteligencia, la autora ofrece un pequeño repaso a la historia de la ciencia ficción a través de las diferentes ideas que sobre el sexo han sido planteadas por algunos importantes autores, desde Heinlein a las potencialidades casi ilimitadas de la futura realidad virtual. Un ensayo didáctico y revelador, repleto de reflexiones de auténtico calado.

 

Valoración: Notable alto

"«El ansia»: Avatares de una noble vampiro en Manhattan”, por David G. Panadero y Jesús Fernández

 

Ensayo cinematográfico en el que los dos especialistas analizan este largometraje de auténtico culto, interpretado por Catherine Deneuve y David Bowie, y dirigido por el cineasta Tony Scott. Se detallan las diferencias entre libro y largometraje, y compara el texto con otros libros de temática vampírico-neogótica, como la obra de Anne Rice ó Poppy Z. Brite.

 

El artículo concede, en mi opinión, una relevancia excesiva al film (1), demostrando ambos expertos un elevado conocimiento del medio cinematográfico pero a un precio excesivo: una longitud desmedida, pasajes farragosos y una deplorable tendencia al engolamiento. Exhaustividad a costa de amenidad.

 

(1) Según los autores, el largometraje nada menos que “refleja de manera fiel las inquietudes de toda una época e instauró los cánones del subgénero neogótico, a la vez que innovó el lenguaje cinematográfico acercándonos a las últimas tendencias de diseño y publicidad”. Si todo ello fuera cierto estaríamos ante una obra de enorme influencia, cuando la realidad es que este film pasó prácticamente desapercibido por parte de público y crítica.

 

Valoración: Interesante

“El útero de la noche” (“In the Womb of Night”, «Dark Animus» #3, 2003), de Lawrence Schimel y Billie Sue Mosiman

 

En esta particular revisión de uno de los mitos clásicos de la literatura de terror, el mundo ha llegado a una especie de tolerancia hacia la figura del vampiro -mientras no se alimente de víctimas de la comunidad por la que transite, siendo en ese caso perseguido por la policía como si de un simple delincuente se tratara-. El hijo de la propietaria de un decrépito motel, en el que esporádicamente se alojan este tipo de huéspedes, comienza a sentir una atracción morbosa por una enigmática inquilina de elegante porte, que despierta en él extraños placeres sensuales. En el momento en que descubra su insólito secreto, miedo y deseo darán paso a escabrosas fantasías relativas a un incierto futuro en su compañía.

 

El relato se ambienta en un tiempo indeterminado próximo a la actualidad, en el que un muchacho de una gris población industrial de Tennessee cree sentirse perdidamente enamorado de una mujer vampiro. A través de elegantes pinceladas, una atmósfera impregnada de una suave melancolía y una tensión creciente, Schimmel y Mosiman construyen una historia terriblemente atractiva dotada de un elevado componente sexual -claramente ambiguo, lo que permite una doble lectura en clave homosexual-. El comienzo de la narración es particularmente delicioso, al mostrar la llegada de la mujer mediante la evocación en la mente del muchacho de recuerdos imposibles sobre un pasado esplendoroso, texto que se torna paulatinamente más oscuro y malsano hasta una culminación necesariamente sórdida pero, a la vez, plena de esperanza. Un relato que, sin abandonar el canon vampírico, ofrece un enfoque novedoso que permite captar el alma atormentada por la inmortalidad, los sueños truncados por la rutina y la falta de esperanzas, la atracción por el lado oscuro.

 

Valoración: Excelente

"La última lamia: vida, pasión y muerte de Erzsébet Báthory, la condesa sangrienta", por Francisco J. Ortiz

 

Erzsébet Báthory fue una condesa húngara tristemente famosa por utilizar la sangre de doncellas en sangrientos rituales con la finalidad de conservar su belleza eternamente joven (se calcula que asesinó a unas setecientas adolescentes). A raíz de la publicación de la novela «Ella, Drácula», de Javier García Sánchez (Planeta, 2005), el autor realiza un repaso a la obra literaria y fílmica -principalmente nacional- que ha recogido dicho personaje. Un artículo meramente introductorio que no entra a analizar la personalidad de la “condesa sangrienta” ni arroja nueva luz sobre la misma.

 

Valoración: Interesante

"Una hermosa desesperación: sexo y dolor, a propósito de «Hellraiser», de Clive Barker", por Francisco J. Ortiz

 

Segundo artículo de Ortiz, mejor estructurado, con mayor capacidad analítica y, en definitiva, mucho más sólido que el anterior. En esta ocasión revisa la obra del inefable Clive Barker, autor dotado de una extraordinaria capacidad para sugerir ideas e imágenes inusualmente inquietantes: su narrativa, experiencia como director… deteniéndose en su película fetiche, «Hellraiser» (1987), basada en una novela corta propia. En palabras de Ortiz, Barker posee un “modo muy particular de acercarse al horror a través de la belleza, y estilísticamente justo a la inversa: alcanza la belleza artística valiéndose del horror”. Imposible estar más de acuerdo.

 

Valoración: Notable

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