[Literatura Fantástica] Máquinas del tiempo, de Nina Allan (Nevsky)

 

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Libros publicados en 2014

Máquinas del tiempo

Una obra singularmente bella y precisa, que funciona como un auténtico mecanismo de relojería. En este libro nos encontramos ante una sucesión de vistas generalmente realistas, y lo que proporciona la ruptura fantástica es el cambio, el movimiento, el tiempo. La obra cobra mayor entidad gracias a la unión inextricable de estas vistas para conformar un complejo puzle tetradimensional en el que un mismo personaje –el protagonista, Martin Newland– es sometido a diferentes iteraciones vitales; los cambios, alteraciones, avances y retrocesos dan sentido a la narración, y el juego de observar y detectar estas leves diferencias -que se van agrandando en sucesivas historias- supone todo un desafío para la atención del lector, un juego literario tan original como adictivo.

Máquinas del tiempo

Nina Allan nació en el barrio londinense de Whitechapel. Ha publicado relatos en numerosas revisas y antologías, entre ellas la prestigiosa «Year’s Best Fantasy & Science Fiction» de 2012 y 2013, y su novela corta «Tejedora», publicada recientemente en el sello digital Fata Libelli, ganó el premio British Science Fiction en 2014. En la actualidad prepara su primera novela, «The Race», cuya trama se desarrolla en una versión futurista y alternativa del sureste de Inglaterra.

 

«Máquinas del tiempo» es una obra singularmente bella y precisa, que funciona como un auténtico mecanismo de relojería. Está estructurada en cuatro capítulos o relatos completamente interrelacionados entre sí, más un epílogo.

 

En este libro nos encontramos ante una sucesión de vistas generalmente realistas, y lo que proporciona la ruptura fantástica es el cambio, el movimiento, el tiempo. La obra cobra mayor entidad gracias a la unión inextricable de estas vistas para conformar un complejo puzle tetradimensional en el que un mismo personaje –el protagonista, Martin Newland– es sometido a diferentes iteraciones vitales; los cambios, alteraciones, avances y retrocesos dan sentido a la narración, y el juego de observar y detectar estas leves diferencias -que se van agrandando en sucesivas historias- supone todo un desafío para la atención del lector, un juego literario tan original como adictivo.

 

Pero la autora británica no basa el interés del libro en este único supuesto. Ciertamente, cada relato se relaciona con el resto de manera sutil, y el eje sobre el cual pivotan todos y cada uno de los personajes y argumentos es Martin (“un ser trágicamente cuasi-inmutable pese a sus alteraciones”), pero es su exquisito lenguaje literario, su capacidad para seducir e intrigar y una cierta atmósfera de melancólica fatalidad los elementos que contribuyen a elevar esta obra a la categoría de título imprescindible.

 

«Máquinas del tiempo» es una historia que requiere una especial complicidad por parte del lector debido a la vastedad de posibilidades, reales o insinuadas, que permite el argumento, y por ello es preciso degustarla despacio, paladeando cada palabra, cada pequeño detalle que luego es ampliado (o no) en un posterior capítulo para así dar origen a un universo diferente. La física que aplica este libro permite que todas las versiones posibles existan por igual y de manera simultánea (“El tiempo, más que estar dividido en pasado y futuro, podría describirse como un arco infinito y continuo de tiempo presente”); por eso Martin aparece siempre como un sujeto pasivo obsesionado con la idea del tiempo pero sin la menor capacidad de influir en su entorno, ni siquiera conocer toda la verdad acerca de sí mismo, condenado a repetir en cada iteración vital el estigma de la pérdida.

 

Según se constata la imposibilidad material para dominar el tiempo, se suceden las pequeñas anécdotas personales y familiares del protagonista, recuerdos de infancia y situaciones diversas que relacionan unos personajes con otros. Detrás de todo ello se encuentra una mente aguda, analítica, pero también sentimental, presente en las breves pero incisivas digresiones acerca de aspectos de la vida, el tiempo o nuestra propia finitud.

 

A destacar la maravillosa labor de traducción de Carmen Torres y Laura Naranjo, y el prólogo y entrevista final a la autora por parte de Sofía Rhei. Reflexiones clarividentes (aunque también algunas desacostumbradas erratas) para una excelente edición en rústica que cuenta con una bella ilustración de portada, obra de Eva Ramón.

 

 

Incluye:

"El carro alado del tiempo"

"El guardián de mi hermano"

"El viento plateado"

"Cuerda"

"Cronologías"

 

 

"El carro alado del tiempo"

 

Nos encontramos una historia de ambientación burguesa que transcurre a finales del siglo XX y que comienza con esta desconcertante frase: “Mi primera máquina del tiempo fue un Longines”. A Martin Newland le fascina la naturaleza del tiempo; para él los relojes son máquinas del tiempo metafóricas que ayudan a entender el pasado y adentrarse en el futuro. Cuando su tío Henry le regala un reloj por su dieciocho cumpleaños, un modelo militar sencillo pero eficiente, comienza una nueva etapa en su vida caracterizada por la búsqueda de un ideal de orden y perfección.

 

Martin creció en una familia con una notoria falta de afecto, y siente una fuerte atracción física por su hermana Dora, luego sabremos que correspondida. Su madre Violet ignora conscientemente la situación y delega el lado práctico de las relaciones familiares en su hermano Henry y las falsas tías Judith y Myra tras el abandono de su marido, hecho que la sumió en un profundo estado de melancolía. La tarde de su cumpleaños, Martin pasea por la playa y conoce a un hombrecillo estrafalario llamado Owen Sanders, quien se comporta con él de una manera enigmática.

 

Valoración: Interesante

 

"El guardián de mi hermano"

 

El relato comienza con una nueva frase de impacto: “Mi hermano murió antes de que yo naciera, pero eso no le impidió envejecer ni cuidar de mí”. Efectivamente, Martin puede ver y hablar con su fenecido hermano mayor Stephen, que le acompaña en forma de fantasma. En esta ocasión la máquina del tiempo es un modelo de posguerra de marca Smith y, naturalmente, la narración da un giro completo respecto a las bases asentadas en el relato anterior.

 

Estamos ante una realidad alternativa sutilmente diferente. Los personajes son casi los mismos (salvo Dora, personaje central en la historia anterior, que desaparece y su lugar es ocupado por Stephen) pero sus relaciones cambian y divergen en multitud de pequeños detalles; por ejemplo, ahora son sus falsas tías (que viven en Brighton y no en Hastings, en una casa diferente aunque cerca de la costa) quienes le regalan el reloj por su catorce cumpleaños, éste se encuentra ligeramente usado (por lo que Martin se obsesiona con la idea de conocer más datos acerca de su anterior dueño), y el padre de Martin no les abandonó sino que murió de infarto durante un viaje de negocios. Las relaciones familiares se tornan más complejas y descubrimos el misterio que preside la vida de Martin, con un Owen Sanders que obra un completo milagro sólo para él.

 

Valoración: Interesante

 

"El viento plateado"

 

Este es, quizá, el único cuento con la suficiente entidad propia como para funcionar de manera independiente. Esta clara pieza de ciencia ficción distópica constituye, en mi opinión, el corazón del libro y probablemente por ello adopta su título (en la versión original en inglés).

 

En esta línea temporal, un Martin ya adulto que trabaja en una agencia inmobiliaria y de venta de antigüedades para coleccionistas visita a Owen Sanders en el barrio periférico de Londres donde vive. Owen es un personaje misterioso, un físico teórico que años atrás trabajó para el Ministerio de Defensa en proyectos secretos relacionados con la creación de un estabilizador mecánico del tiempo, un dispositivo capaz de viajar al pasado concebido para tratar de alterar el curso de la guerra en Oriente Medio. Destituido por diferencias políticas, vive aislado pero tranquilo gracias a sus valiosos conocimientos científicos, dedicado a la fabricación de complejos relojes de precisión. Martin desea que Owen le ayude a revivir los momentos felices vividos con su esposa Miranda, muerta en accidente de tráfico, mientras Dora sigue viva y es una abogada de éxito que gestiona los asuntos legales de su negocio.

 

En esta nueva línea alternativa, Gran Bretaña es una dictadura represiva al estilo «V de Vendetta» o «Black Mirror», un lugar donde está prohibido hablar abiertamente de política y se aplican técnicas de eugenesia (los considerados deformes son esterilizados a la fuerza y transmitir genes “defectuosos” a sabiendas está penado con la cárcel). El punto Jonbar o de divergencia histórica parece establecerse en las elecciones (en realidad, perdidas) que encumbraron al puesto de Primer Ministro al candidato de extrema derecha y reconocido homófobo Noel Pemberton Billing, mandato que extendió la persecución política, la deportación de minorías étnicas, la crisis económica y el desabastecimiento de artículos básicos hasta la actualidad del personaje.

 

El cuento posee mayor riqueza especulativa que los anteriores (véase la elaborada teoría acerca de la cronoestasis) y de mestizaje con otros géneros, en particular el thriller, con momentos de gran angustia como la incursión nocturna en el bosque, la visita a un antiguo hospital que sirve de tapadera a experimentos temporales o el encuentro con su propia madre y hermano muchos años antes de haber siquiera nacido. El desenlace, sin embargo, peca de demasiado explícito e intentar explicar demasiadas cosas que realmente no son necesarias.

 

Valoración: Muy Notable

 

"Cuerda"

 

En “Cuerda” se añade un nivel más de complejidad al conjunto, al transformar la invención del tourbillon (mecanismo que compensa el efecto negativo que produce la gravedad sobre la marcha del artefacto, obra del afamado relojero suizo Louis Breguet), en una tecnología capaz de viajar en el tiempo, retrasando de facto hasta el siglo XVIII el punto de divergencia que separa nuestro mundo del de Martin. Un inteligente entramado técnico-histórico que difumina los límites entre realidad y ficción.

 

Ahora Miranda es socia del negocio inmobiliario de un maduro Martin, una amiga con quien no se atreve a intimar por temor a romper la especial relación que les une. Su hermana Dora murió joven, el reloj pertenece a Miranda pero persiste su obsesión por querer conocer detalles acerca del pasado, lo que le conduce hasta una anciana Juliet. El tono del relato es sobrio y realista, anodino incluso hasta el viaje final en busca de respuestas. Aparecen nuevos puntos de vista y personajes secundarios, y la historia se convierte en una bonita historia de amor tardío entre dos seres que arrastran una gran soledad interior y necesitan confesarse mutuamente los secretos que han marcado sus vidas. Un nuevo viaje en el tiempo que funciona bien como continuación del primer relato, en el que conocemos más acerca de cómo funcionan los flujos temporales.

 

Valoración: Muy Interesante

 

"Cronologías"

 

“Cronologías” constituye el epílogo del libro. Martin ya no es el personaje protagonista sino Ginny, una escritora que gusta escribir sobre relojes y que perfectamente podría ocultar la personalidad de la propia autora y servir, al mismo tiempo, de excusa argumental para explicar las intenciones de este libro: hablar sobre recuerdos de infancia, de su fascinación por el tiempo, del hecho de descubrir personajes curiosos, de reivindicar la imaginación, etc. (de hecho, el relato se inicia con el agradable recuerdo de un viaje de vacaciones a Francia, probablemente en la década de los 70’). ¿Relato autobiográfico, ficción de infancia madurada en el presente? Tal vez; en cualquier caso, una nueva iteración que se aleja bastante del corpus original para cerrar el círculo con un enigmático broche de oro.

 

Valoración: Interesante

 

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