Portal Literatura Fantástica

Libros publicados en 2015

Está lleno de estrellas

El ensayo lleva por acertado subtítulo “Memorias de una afición”, suficientemente explícito acerca de las intenciones del autor, un Rafael Marín que adopta el doble papel de aficionado y creador. Una personalidad carismática, nadie mejor que él para retratar en sepia una época dorada en todo su esplendor y miseria, bien aderezada con la adecuada dosis de nostalgia y humor que requería la ocasión.

 

Un libro que se hace aún más corto de lo que es en virtud de su amenidad e indiscutible interés, no solo para quienes tuvimos la suerte de vivir aquella época sino para todos aquellos que deseen conocer algo más acerca de los años más brillantes y prolíficos de la literatura fantástica y de ciencia ficción en España

Está lleno de estrellas

Quinto volumen y primer libro de ensayo de la editorial Cyberdark, consagrada a recuperar la narrativa breve fantástica de los grandes especialistas españoles de la década de los noventa, la Edad de Oro del género en nuestro país. La colección comenzó su andadura el año pasado con «Dulces dieciséis», un estupendo recopilatorio de Eduardo Vaquerizo, al que siguieron «El noveno capítulo» de Armando Boix, «D de destructor» de Ramón Muñoz y «Son de piedra» de Rafael Marín, cuatro antologías que incluyen buena parte de la producción más destacada de sus autores, que permanecía dispersa y descatalogada en su mayor parte, y que merecía la pena volver a publicar para los lectores del siglo XXI.

 

Se trata de un libro sencillo en rústica sin solapas, con diseño e ilustración de cubierta de Alejandro Terán -habitual de Bibliópolis/Alamut-, papel basto y edición un tanto apresurada en la que se han colado diversas erratas (1). El volumen cuenta con una introducción del editor Luis G. Prado, personaje destacado en la época, que aprovecha la ocasión para reivindicar a los escritores del citado periodo y las azarosas circunstancias que les tocó en suerte.

 

El ensayo lleva por acertado subtítulo “Memorias de una afición”, suficientemente explícito acerca de las intenciones del autor, un Rafael Marín que adopta el doble papel de aficionado y creador: escritor de novelas y relatos, guionista de cómic, traductor, crítico, ensayista, organizador de eventos y convenciones, responsable de publicaciones, fan irredento y un largo etcétera (que yo sepa, ha ocupado todos los cargos habidos y por haber en el mundillo, salvo el de editor). Una personalidad carismática, nadie mejor que él para retratar en sepia una época dorada en todo su esplendor y miseria, bien aderezada con la adecuada dosis de nostalgia y humor que requería la ocasión.

 

Precisamente en ese último punto radica la clave de este libro, tan necesario: ese sentimiento agridulce de querer y no poder, de compartir orgullo y decepción, de haber alcanzado la cima de una montaña que a la postre resultó ser demasiado pequeña, de oportunidades perdidas para salir del gueto cultural al que parecía condenado el fantástico en España; una sensación difícil de explicitar pero muy intensa y propia de nuestra idiosincrasia. Con tono cercano y la retranca que le caracteriza, el autor gaditano desgrana una retahíla de éxitos modestos y grandes decepciones, ilusiones de juventud y reveses del mercado, anhelos y esperanzas no cumplidas.

 

Rafael Marín se revela como un verdadero experto a la hora de transmitir vivencias y emociones que estimulan la fibra sensible del aficionado talludito, aquel que se inició con películas y series fantásticas de televisión en su infancia y dio el salto a la literatura en los 80’ y 90’. Mediante entradas muy breves de apenas dos ó tres páginas, Marín da rienda suelta a su denodada afición al cómic y su marcada cinefilia, ofreciendo un somero repaso de las series que marcaron su gusto como escritor, los tebeos y películas; también el descubrimiento de la revista Nueva Dimensión, la aparición estelar de «La Guerra de las Galaxias» y el merchandising derivado de los productos de éxito.

 

Con verbo entrañable y gran oficio, describe la irrupción en la España post franquista de un nuevo género que prometía una vida llena de maravillas, desde la aparición de nuevos autores en los ochenta cuyas obras se escribían “para dar salida a los sueños” y, con suerte, ser publicadas en pequeños sellos especializados con una ínfima repercusión externa, a “la larga y terrible travesía en el desierto” de mediados de la década y la eclosión artística de los noventa. Sin olvidar, por supuesto, el retrato del mundo editorial, los autores, las publicaciones de aficionados, las guerras del fandom y su relación con figuras totémicas como Domingo Santos, Miquel Barceló, Francisco Porrúa, Luis García Prado, Alejo Cuervo, Paco García Lorenzana, Julián Díez y muchos otros.

 

Como es lógico, en el ensayo también se hace referencia a la obra del autor, desde el germen de sus primeras historias, relatos que le sirvieron de aprendizaje y búsqueda de una voz propia (cuentos como “Habrá un día en que todos…” publicado en Nueva Dimensión, o “Nunca digas buenas noches a un extraño” que fue precursor del cyberpunk en España) a proyectos de colaboración con el dibujante Carlos Pacheco en los tebeos Iberia Inc. y Los inhumanos, su participación en revistas de aficionados, la vena del asociacionismo, sus sensaciones tras ganar el premio UPC (ex aequo con Ángel Torres), sellos en los que publicó, novelas en colaboración, pinitos como director de Yellow Kid consagrada a la historieta, y un largo etcétera.

 

Cada capítulo aborda brevemente un tema, salpicado de numerosas referencias que amplía en apartados posteriores. Una estructura un tanto desordenada, como textos escritos a vuela pluma, pero que funciona particularmente bien a la hora de transmitir la sensación de encontrarnos ante unas auténticas memorias. Al final, queda una sensación de completitud, vista desde el particular enfoque subjetivo del autor aunque procurando sonar siempre absolutamente sincero. Los últimos capítulos son más maduros e introspectivos; en ellos ofrece reflexiones en torno al presente de la industria del libro, el cine, el cómic y la televisión, aunque mis preferidos son “A cuatro manos”, un delicioso pasaje que revela detalles sobre su colaboración estelar con el escritor Juan Miguel Aguilera, y “En la guarida del monstruo mitológico”, un crudo texto dedicado a la editorial Minotauro y su premio homónimo que hace bajar a tierra a nuestros sueños más elevados.

 

«Está lleno de estrellas» es un libro que se hace aún más corto de lo que es en virtud de su amenidad e indiscutible interés, no solo para quienes tuvimos la suerte de vivir aquella época sino para todos aquellos que deseen conocer algo más acerca de los años más brillantes y prolíficos de la literatura fantástica y de ciencia ficción en España, de la mano de uno de sus mayores protagonistas cuya particularísima prosa a nadie deja indiferente. Un ejercicio de nostalgia reivindicativa (o de reivindicación de la nostalgia), de desnudar el alma del creador, que sería recomendable fuese imitado por otros autores que dejaran constancia escrita de la historia reciente del género. Unas memorias emotivas, sinceras, melancólicas; los sueños y desencantos de toda una generación, a la que pertenezco. Muchas gracias, Rafa, por poner negro sobre blanco a una parte significativa de nuestras vidas.

 

 

(1) No solo tipográficas, fácilmente subsanables, sino auténticos fallos de memoria: José Luis González no diseñó los premios Ignotus sino que fue obra de Toni Segarra en la HispaCon de Mataró, aunque José Luis los reprodujera en mármol durante los años siguientes. Como tampoco es complicado el actual mecanismo de votación de los premios Ignotus, una trivial suma una vez desterrado el sistema australiano basado en la ponderación del voto.

 

Volver a Literatura Fantástica

eXTReMe Tracker ¡CSS Válido! Valid HTML 4.01 Transitional Icono de conformidad con el Nivel Doble-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI Acceso a la Web de la editorial