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El movimiento

Valoración en breve:

 

Petra Hůlová es una escritora checa que ha recibido los más importantes galardones literarios en su país. Esta es, sin lugar a dudas, su novela más conocida y provocadora, una distopía feminista capaz de herir ciertas sensibilidades.

 

El movimiento es una obra interesante, controvertida e incómoda, que nos muestra una sociedad moderna que distorsiona y lleva al extremo el ideal de igualdad real entre hombres y mujeres. Un libro que invita a la reflexión aunque solo sea por la inversión tradicional de roles, si bien personalmente hubiera deseado un mayor debate dialéctico más allá de la simple descripción de un sistema surgido como brutal oposición al patriarcado, y que contemplara otras perspectivas diferentes a la relación heterosexual; la realidad, hoy día, es mucho más compleja

El movimiento

-Argumento-


En un futuro cercano, el Movimiento ha creado una nueva sociedad dirigida por mujeres y basada en la ideología de que estas deben ser valoradas por sus cualidades y no por su aspecto físico. Para consolidar esta posición, se ha creado una red de Instituciones donde los hombres se someten de manera voluntaria o forzosa a un programa intensivo de reeducación, diseñado para erradicar las ideas de dominación masculina y de cosificación sexual de la mujer.

 

La anónima protagonista de esta historia es una veterana cuidadora de uno de estos centros, quien anota sus vivencias en forma de memorias con el fin de examinar su propio grado de compromiso. Así, relata por qué decidió consagrar su vida al Movimiento, el apoyo entusiasta que obtuvo de su madre, su primer día como novicia tras la inscripción en la oficina de reclutamiento y el largo proceso de condicionamiento ideológico que lleva a un hombre dominado por sus instintos a convertirse en una «auténtica persona».

 


 

 

 

-Valoración-


Petra Hůlová es una escritora checa que ha recibido los más importantes galardones literarios en su país, autora de diez novelas y dos obras de teatro que han sido traducidas a una docena de idiomas. Esta es, sin lugar a dudas, su novela más conocida y provocadora, una distopía feminista capaz de herir ciertas sensibilidades.

 

El movimiento es una obra interesante, controvertida e incómoda, que nos muestra una sociedad moderna que distorsiona y lleva al extremo el ideal de igualdad real entre hombres y mujeres. Un libro que invita a la reflexión aunque solo sea por la inversión tradicional de roles, si bien personalmente hubiera deseado un mayor debate dialéctico más allá de la simple descripción de un sistema surgido como brutal oposición al patriarcado, y que contemplara otras perspectivas diferentes a la relación heterosexual; la realidad, hoy día, es mucho más compleja.

 

Hůlová sitúa la acción en su Chequia natal, donde esta historia suscitó una gran polémica al plantear importantes cuestiones éticas relacionadas con los límites por alcanzar un mundo más justo e igualitario; además, se citan otros países del entorno en donde el Movimiento tuvo éxito, caso de Polonia y, en general, la mayoría de países europeos y occidentales.

 

Como ya se ha comentado, la protagonista es una acólita convencida de las bondades del Movimiento. Considera que su trabajo es servir de guía a sus compañeras e imparte un seminario sobre habituación a estímulos sexuales, en donde llega a pensar acerca de los hombres: «Os adiestraremos como perros», al más puro condicionamiento pavloviano. No es de extrañar que, con el tiempo, se haya ganado una merecida fama de cuidadora implacable bajo cuya supervisión apenas se experimentan casos de reincidencia.

 

La Institución donde se desarrolla la trama se ubica en una vieja planta procesadora de carne (todo un guiño), transformada en un centro de rehabilitación modelo con aspecto de balneario. En realidad, no es más que una cárcel completamente rodeada de alambradas electrificadas y aislada del resto del mundo para que nada perturbe el reacondicionamiento de los internos. La terapia obligatoria que siguen consta de siete fases y tiene una duración aproximada de dieciocho meses, aunque existen casos excepcionales de personas irreductibles en situación de reeducación perpetua.

 

Los clientes son enviados a la Institución en un gran porcentaje por sus propias esposas, quienes les convencen de lo acertado de llevar a cabo el tratamiento o les conducen «en los asientos traseros de los coches, dormidos o aturdidos bajo el efecto de narcóticos». En otros casos, los hombres que no siguen las normas del manual del Movimiento son capturados en plena calle por patrullas ciudadanas y conducidos en lecheras hasta el centro de rehabilitación más próximo; sus familias conocerán el ingreso con posterioridad y, por supuesto, deberán hacer frente al coste de su estancia.

 

En el interior de estos centros rigen normas propias de un establecimiento penitenciario, a las que se suman las de un deshumanizante campo de concentración. Los clientes son continuamente evaluados en función de su conducta diaria durante las clases de reeducación pero también en su esfera privada; además, son medicados y deben guardar celibato durante las escasas visitas permitidas para mejorar su «tratamiento terapéutico». En sus fríos dormitorios hay cámaras de video vigilancia y eslóganes en favor del Movimiento; los espejos y cortinas están terminantemente prohibidos, para controlar en todo momento sus movimientos; la correspondencia está monitorizada (también la de las trabajadoras, «por su propio bien») y todo el personal –guardianas y clientes– viste un anodino chándal unisex porque el Movimiento propugna la uniformidad.

 

En los talleres de orientación sexual los clientes deben ir desnudos para poder evaluar sus progresos, en su vida diaria se les prohíbe usar ropa interior para facilitar ciertas prácticas degradantes, el onanismo con material supervisado es obligado si así lo decreta una evaluadora, y un insoportable etcétera. Este programa educativo se complementa, en caso necesario, con medidas de fuerza como el uso de electroshock, celdas de aislamiento, castigos físicos, inmovilización, etc. Por supuesto, existen otro tipo de castigos más severos para quienes intenten sabotear las terapias o inciten a incumplir el reglamento, como es el consumo de pornografía. Como consecuencia, proliferan los intentos de fuga y los suicidios, que intentan ser evitados a toda costa para no ofrecer una mala imagen. Se espera que todos los hombres colaboren sin reservas e, incluso, denuncien prácticas contrarias al Movimiento por parte de sus compañeros si las conocen, o serán penalizados y su tiempo de internamiento aumentará.

 

También existen centros comunitarios para la reeducación femenina –un 15% de las mujeres que llevan a sus maridos a la Institución acaba también internada, al mostrar un escaso compromiso con el Movimiento; además, aún subsiste un número significativo de partidarias del Mundo Antiguo, en particular en zonas rurales donde aún no han fructificado los beneficios del cambio– y jardines para la reorientación de menores, de régimen interno más relajado aunque igualmente efectivos.

 

En el Mundo Nuevo la apariencia personal carece de importancia, al igual que el nivel educativo o profesional, y por ello se promueven férreas políticas de uniformidad. El Movimiento comenzó arremetiendo contra la cultura de la imagen y la publicidad sexualizada siguiendo métodos terroristas –atentados, secuestros, manifestaciones violentas–, para luego transformarse en una ideología radical imparable que impregnó todas las capas de la sociedad hasta alcanzar el poder.

 

Esta extremista utopía igualitaria, liderada por una joven cuasi analfabeta con trastornos del comportamiento, adoptó la forma de un estado policial donde las clínicas de cirugía estética están proscritas, los concursos de belleza y las revistas de moda son cosas del pasado, se prohíbe comer carne por motivos éticos y se fomenta el autoconsumo pero también los hábitos de vida no saludables, e inspectores de paisano recorren las calles para denunciar cualquier transgresión de la norma, desde un simple comentario despectivo a sospechas de empleo de maquillaje. A cambio, el Movimiento asegura que las mujeres han aumentado de forma notable su deseo de ser madres.

 

Queda claro que la Institución produce ciudadanos obedientes y disciplinados, una sociedad en la que no cabe la disensión ni el aporte de ideas propias. Mientras a los hombres se les obliga a renunciar a ser ellos mismos, el condicionamiento ideológico de algunas guardianas les empuja a tomar parte en las terapias sexuales de sus clientes, participando de facto en los vicios que desean erradicar. Además, se habla ya de instalaciones para realizar ensayos genéticos con el fin de perfeccionar la sociedad a través de las leyes biológicas de la herencia (eugenesia).

 

El movimiento es una historia que bebe de muchas fuentes, entre las más claras 1984 de George Orwell(1) y El cuento de la criada de Margaret Atwood, pero también de algunas obras del enfant terrible Michel Houellebecq. Al contrario que las citadas distopías –u otras como Nosotros o Un mundo feliz–, la novela no ofrece el punto de vista de un individuo que soporta en solitario el despótico régimen, sino el de una fanática que solo admite este pensamiento único y considera al resto como reaccionario o simplemente accesorio. El hecho de que ni siquiera se conozca su nombre refuerza el mensaje totalitario y carente de cualquier atisbo de humanidad del Movimiento; ella es solo una pieza más del engranaje, alguien que no precisa de relaciones personales y antepone la satisfacción del deber cumplido al disfrute de su propia existencia.

 

El estilo narrativo con el que está escrita la novela es funcional y un tanto monótono, sin personajes ni líneas secundarias destacables. Algunos capítulos engordan el libro sin aportar prácticamente nada a la trama principal –la visita a la madre en un centro de mayores, el viaje por el interior del país a otras Instituciones… ambos muy desaprovechados– y, por el contrario, se echa de menos profundizar en otros elementos apenas sugeridos, como la descripción de ese mundo donde avanza inexorable el cambio climático o la visión interna de la facción de resistencia denominada Guardia de la Hombría.

 

Por último, cabe señalar que no se entiende que la reeducación que plantea la protagonista incida básicamente en combatir por todos los medios a la pornografía –que en el libro significa desterrar de la mente masculina cualquier imagen sexualizada– y forzar a cambio a los hombres para que vuelvan a encontrar atractivo sexual en mujeres maduras imperfectas, mientras se obvia profundizar en las raíces históricas del machismo ni se desarrolla un auténtico debate acerca de los excesos de este sistema pretendidamente igualitario. Todo ello queda, como se ha dicho, en un plano lamentablemente superficial.

 

Pese a todo, la obra queda como una apreciable fábula moral que pone de relieve que cualquier sistema impuesto por la fuerza está abocado a convertirse en un infierno totalitario, porque sin empatía ni comprensión hacia el otro las mejores intenciones están siempre condenadas al fracaso. Finalmente, agradecer a la editorial Funambulista haber publicado esta novela.

 


 

(1) Como en esa magnífica novela, la batalla final para destruir al diferente se desarrolla en la mente de cada individuo: «La fortaleza más inexpugnable del Mundo Antiguo es el propio Mundo Antiguo que hay dentro de nosotros». Ciertamente, cada nueva idea o detalle sugerido en este relato añade un plus de incertidumbre y angustia, fuente de terror, caos y degeneración humana y social.

 

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