[Literatura Fantástica] Fabricantes de sueños. Selección 2005: Varios Autores (AEFCFT)

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Libros publicados en 2005

Fabricantes de sueños. Selección 2005

Fabricantes de sueños. Selección 2005

Comentario:

 

«Fabricantes de sueños» es una antología editada por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, que procura dar una imagen de conjunto de la producción literaria de género fantástico en lengua española. Una recopilación que anualmente se enfrenta al difícil reto de seleccionar no sólo lo mejor, sino lo más representativo de autores, publicaciones y formatos -con cada vez mayor presencia del medio electrónico-, haciendo además equilibrios entre géneros. Así, de entre la ingente producción del año 2004, los seleccionadores (1) han escogido diez relatos: siete de autores españoles, entre los que destacan veteranos de la talla de Gabriel Bermúdez Castillo y Ángel Torres Quesada, o el emergente Santiago Eximeno, y tres de escritores iberoamericanos tan prestigiosos como Carlos Gardini o Sergio Gaut vel Hartman. Sin embargo, como veremos, son los nombres menos conocidos quienes aportan las mejores sorpresas.

 

Los seleccionadores han realizado un excelente trabajo revisando cada una de las publicaciones editadas durante el pasado año. No sorprende, por tanto, que el grueso de las obras elegidas proceda de los dos medios que más fuertemente han apostado por la producción breve autóctona: Artifex y Asimov. No obstante, se puede disentir sobre la conveniencia de algunos de esos seis títulos, la ausencia de pesos pesados como Gigamesh, Galaxia o Solaris (con relatos tan memorables como “Los hijos de nuestros hijos”, “Julius Wilson”, “Los pescadores de ojos” o “Las vidas de piedra”) o el excesivo peso otorgado a Alfa Eridiani (uno de los dos cuentos podía haber procedido de cualquier otra publicación electrónica: Qliphoth, NGC 3660, Vórtice en línea o Aurora BitZine, por ejemplo). Igualmente, se siente la ausencia de autores cuya cosecha breve de ese año fue excelente: Félix J. Palma, José Antonio del Valle, José Antonio Cotrina, Alejandro Alonso e Iban Zaldua, entre otros, o antologías como la del Alberto Magno o Parnaso de Narrativa Breve. Demasiado material donde escoger, me temo.

 

Desde que fui coseleccionador en dos de sus primeras antologías, me gusta comparar el contenido del volumen con los relatos finalistas de los Premios Ignotus, estableciendo una especie de medida del éxito de la selección, buscando, quizá, el refrendo popular al criterio establecido por un pequeño aunque ágil comité. Desde este singular punto de vista, sólo consta un solitario acierto. Si los premios Ignotus gozaran del apoyo popular que debieran, este resultado daría que pensar; hoy sólo significa que nos encontramos ante otra posible selección de entre “lo mejor”, cuyo contenido concreto, por cierto, no debiera haber sido hecho público antes de dar a conocer la lista de finalistas de los citados premios, para evitar así cualquier susceptibilidad sobre su posible influencia (no en vano, el «Fabricantes» es una publicación editada por la AEFCFT, ente que también organiza los premios).

 

Pero parece que estoy recargando las tintas sobre una antología por otra parte excelente en cuanto a calidad y diversidad; sin duda, uno de los mejores volúmenes temáticos del año. Un libro que aprecia, una vez más, el progresivo auge de la fantasía oscura y el terror urbano frente a temáticas hasta ahora habituales en estas páginas, como la ciencia ficción o la fantasía tradicional. Un volumen de cuidado aspecto que bien podría haber encontrado su acomodo definitivo en este elegante formato, que incluye además, como viene siendo habitual, un artículo que repasa de forma breve pero exhaustiva la producción fantástica nacional.

 

(1) Comité formado por tres conocidos aficionados: José Carlos Canalda (prolífico escritor), Antonio Cerveró (vocal de la AEFCFT) y José Vicente Ortuño (vocal de la AEFCFT

 

Incluye:

"El embrujo del virtuoso", de Alfredo Álamo

"La memoria del cuerpo", de Víctor M. Ánchel

"Sólo el inocente", de Luis Astolfi

"Turismo de guerra", de Gabriel Bermúdez Castillo

"En una bañera cualquiera", de Alejandro Carneiro

"Propiedad intelectual", de Santiago Eximeno

"El beso de la valquiria", de Carlos Gardini

"Náufrago de sí mismo", de Sergio Gaurt vel Hartman

"Punto de entrega", de Vladimir Hernández

"Un mundo de reflejos", de Ángel Torres Quesada

 

Valoración: 7,5

"El embrujo del virtuoso", de Alfredo Álamo

 

Marcos es un apasionado del violín. Su obsesión es construir el instrumento perfecto, con el que interpretar una última y sublime melodía.

 

Las historias sobre artistas locos, que utilizan elementos macabros en su particular visión del arte, es un tema recurrente dentro de la literatura de horror, aunque en manos de un virtuoso de la talla de Alfredo Álamo puede alcanzar cotas de auténtica maestría. Álamo refleja con pasmosa perfección y terrible atractivo la patológica sensibilidad de una mente obsesionada y enferma, utilizando un tempo lento que seduce al lector hasta el magnífico desenlace. Si debemos elegir un relato imprescindible en esta antología, sin duda nos encontramos ante él.

 

Valoración: 8,5

"La memoria del cuerpo", de Víctor M. Ánchel

 

Alejandra despierta un domingo temprano, con una sensación de angustia extrañamente familiar. A pesar de la terapia recibida, su cuerpo recuerda: un padre maltratador, su madre muerta, y la culpa, que la atenaza.

 

Drama urbano que describe un problema tristemente muy real, pese ubicarse en un futuro cercano. Una buena exposición, que dosifica los elementos de clima para aumentar progresivamente la tensión narrativa, permite lograr una muy convincente atmósfera de terror que se adueña finalmente de la voluntad del personaje. La onomatopeya del ruido del despertador/localizador supone un admirable detalle de brillantez en el, tal vez, mejor relato del autor hasta la fecha.

 

Valoración: 8

"Sólo el inocente" de Luis Astolfi

 

Comentario

 

"Turismo de guerra", de Gabriel Bermúdez Castillo

 

Una agencia de viajes de alto riesgo ofrece safaris especiales a zonas del sudeste asiático en conflicto bélico. Todo para una clientela selecta capaz de desembolsar a cambio una buena suma de dinero.

 

Gabriel Bermúdez nos regala uno de sus escasos relatos. Demuestra su habitual mano firme para la narración, con un estilo funcional desprovisto de florituras que, igualmente, deja a la vista sus carencias: evidencia en sus presupuestos, personajes al servicio de la narración, un título que explicita demasiado y moralina final. Bermúdez insiste en sus temas recurrentes: la corrupción moral del dinero, el ansia de notoriedad propia de los nuevos ricos, la pasividad del resto, ambientando su denuncia de forma más que correcta.

 

Valoración: 6,5

"En una bañera cualquiera", de Alejandro Carneiro

 

El científico Kiku debe rendirse a la evidencia: el universo adopta la forma de una inconmensurable bañera. Un presupuesto, no obstante, perfectamente racional para un bacilo que habita una pompa de jabón en un inmenso mar cósmico. Junto a un inventor trastornado, y perseguido por la inteligentsia militar, emprende un viaje de exploración donde descubrirá un universo poblado por sorprendentes seres, tan complejo como absurdo.

 

Carneiro es un autor que se prodiga poco, pese –o quizá debido- a que suele ser tremendamente original. Su rasgo de estilo más destacable es la ironía, conformando historias que parten de una premisa absurda, prosiguen con un desarrollo desquiciado y finalizan en un desenlace inaudito. No somos pocos quienes aún recordamos su puesta de largo, “El hombrecillo de la maceta” (premio Domingo Santos 2000), con una sonrisa en los labios.

 

En este caso puede decirse que alarga demasiado la broma (1). La relatividad de los puntos de vista, los sorprendentes argumentos filosófico-existenciales, o detalles de auténtica causticidad (como utilizar agua a modo de onda electromagnética) reflejan una realidad hilarante que va perdiendo gas a medida que transcurren las páginas de esta novela corta. Con todo, una alegoría que refleja nuestra insignificancia ante un orden netamente superior, un torpedo a la línea de flotación de nuestra idea de superioridad antropocéntrica. Un viaje verdaderamente alucinante.

 

(1) E incluye además algún error menor de lógica, especialmente en la coherencia temporal

 

Valoración: 7

"Propiedad intelectual", de Santiago Eximeno

 

Comentario

 

"El beso de la valquiria", de Carlos Gardini

 

Un periodista inglés visita a un ex combatiente argentino de la Guerra de las Malvinas con la excusa de escribir un libro que refleje ambos extremos de la contienda. Su caso es extraordinario, pues fue testigo de unos hechos aberrantes, acaso producto del delirio de una mente alucinada en el instante de supremo horror.

 

Hasta la fecha, pocos relatos han reflejado la realidad socio-política argentina de los últimos años, especialmente en lo tocante al citado conflicto bélico. No obstante, existen precedentes, como la novela «Tras la frontera del asombro» del argentino Sebastián Massana, aunque no imagino mejor equivalente a nuestra Guerra Civil, fértil escenario que ha deparado tantas y tantas historias, realistas y fantásticas. Tal vez las heridas infligidas permanezcan demasiado recientes en las conciencias, y todavía no sea tiempo para ello.

 

El más grande estilista latinoamericano en activo adopta un lenguaje localista para hablar desde el interior de una experiencia vivida muy de cerca, tanto que incluso supedita su principal rasgo de estilo, la belleza formal, a la desgarradora fuerza de la narración. La primera parte del relato, que describe la guerra en toda su crudeza, es sencillamente impresionante. Es en su segunda mitad donde se aprecia un giro hacia el fantástico, sin abandonar el horror, recuperando poco a poco algunos de sus símbolos habituales: las voces, los ojos, la sangre, las criaturas alienadas… Desgraciadamente, no logra mantener la intensidad inicial y el texto decae hacia un final con sabor a prosaico.

 

Por supuesto, queda en mano del lector optar entre el beso de la valquiria que se lleva a los guerreros muertos, la preternatural Calígine y las criaturas del pozo, o la soberbia visión de los vencidos, el hermanamiento de los enemigos en el dolor, la energía e ilusión de toda una generación dilapidada en una absurda contienda que sumió al país en la humillación y la bancarrota. Una historia terrible que precisaba un extraordinario fabulador de la talla del bonaerense.

 

Valoración: 8

"Náufrago de sí mismo", de sergio Gaut vel Hartman

 

Otro bonaerense, pero de cualidades bien diferenciadas (más franco, irónico y accesible), es el polifacético Sergio Gaut vel Hartman. En esta historia, el protagonista transfiere su conciencia a un nuevo cuerpo, conectando el descartado a una unidad de soporte vital por razones éticas. Pero, lejos de disfrutar del cambio, el sujeto empieza a interrogarse sobre la suerte de su anciano cuerpo, hasta que consigue ver y charlar con su antiguo yo en el depósito donde se acumulan los moribundos.

 

Relato de ciencia ficción escorado hacia el terror que, en cierta manera, equipara la suerte de esos cuerpos descartados con el abandono que sufren nuestros mayores en asilos y establecimientos de beneficencia. Lástima que se quedara en el planteamiento sin llegar a profundar más.

 

Valoración: 6

"Punto de entrega", de Vladimir Hernández

 

El cuento más claramente de ciencia ficción ofrece el punto más bajo de esta antología. Un humano sin demasiados escrúpulos se compromete a entregar una carga a un rigeliano apodado Dynus. Pero el paquete esconde una codiciada arma, la entrega se complica y termina siendo implacablemente perseguido por todo el puerto espacial.

 

Este cubano afincado en Barcelona escribe una aventura espacial sin demasiadas complicaciones y tintes cyberpunk, poblada de aventureros espaciales, naves estelares, extraterrestres, telépatas y mucha acción. La originalidad brilla por su ausencia pero, pese a todo, la narración depara agradables momentos de sano divertimento hasta su conclusión, a la que sólo falta colgarle el cartel de “Continuará”. A buen seguro, el aficionado agradecerá los guiños que el autor dedica a autores clásicos de ciencia ficción bélica, como Heinlein, Pournelle o Cherryh.

 

Valoración: 5,5

"Un mundo de reflejos", de Ángel Torres Quesada

 

Al señor Condeduque, regente de un complejo residencial de escaso éxito, se le viene el mundo encima cuando le notifican la llegada de su suegro, máximo representante del Consorcio que rige su empresa. Sospecha que aprovechará la ocasión para defenestrarle y, en efecto, cuando es convocada una reunión de administradores de zona nada bueno puede presagiar.

 

Claro que el citado complejo es una especie de parque temático con sus propias especificidades, existen guías prácticas que explican cómo comportarse en todo momento, niños de noventa años con nombres ridículos, y están los Reflejos: imágenes cotidianas del pasado que surgen al azar, atraviesan cualquier superficie y nadie conoce su procedencia.

 

Excelente muestra de la socarronería gaditana que, en buena medida, se relaciona con su novela corta “El círculo de piedra” (Premio UPC 1991) y varios relatos posteriores, constituyendo una especie de reverso de aquella visión misteriosa, oscura y caótica que afectaba a la Tierra en su conjunto (1). Una idea que, igualmente, también está presente en su Trilogía de las Islas. Como siempre en Torres, un texto muy divertido aunque mucho mejor escrito de lo habitual, poblado de detalles pintorescos (2). Ideal para despedir el volumen con una sonrisa en los labios.

 

(1) Si bien pueden apreciarse notables incoherencias, como que, en aquellas, las presencias fantasmales aparecían únicamente de noche obedeciendo a un cierto patrón de densidad poblacional, eran tangibles y su contacto provocaba una muerte horrible; pero, sobre todo, ¡no desaparecían edificios emblemáticos! Por cierto, una pregunta para después de leer el relato: ¿qué moneda se puede usar con una raza capaz de duplicar cualquier cosa?

(2) Aunque mucho me temo que el Puente Colgante de Biazkaia se ubica en Portugalete, no en Bilbao

 

Valoración: 6,5

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