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Libros publicados en 2015

Pronto será de noche

Una historia de atmósfera, de introspección, de personajes. No es una novela negra al uso pese a incorporar una línea de investigación acerca de un asesino en serie (el típico caso de crimen en habitación cerrada, sin móvil aparente) sino, más bien, una trama distópica que se ambienta en un entorno apocalíptico.

 

El estilo es sólido, mucho más depurado que en anteriores obras del autor. El escenario forzosamente inmóvil, convertido en protagonista de una obra casi teatral. Y el argumento –gente que huye a ninguna parte escapando no se sabe muy bien de qué– interpretable en clave de signo de los tiempos, de metáfora de muchas situaciones de la España reciente

Pronto será de noche

«Pronto será de noche» es la tercera novela de autor español de las ocho publicadas hasta el momento en la colección Insomnia de la editorial Valdemar. Tras «Extraños eones» de Emilio Bueso y «Disforia» de David Jasso, dos auténticos “enfant terribles” de las letras oscuras españolas, llega el turno de Jesús Cañadas, gaditano residente en Alemania y autor de «El baile de los secretos» (AJEC, 2011) y la ambiciosa fantasía pulp «Los nombres muertos» (Fantascy, 2013); un escritor cuya narrativa ha estado vinculada siempre al género fantástico, con relatos en antologías como «Ácronos» (Tyrannosaurus Books, 2013), «Retrofuturismos. Antología steampunk» (Nevsky, 2014) o «Presencia Humana» (Aristas Martínez, 2013), amén de numerosas colaboraciones en revistas y fanzines, que le han granjeado nominaciones a los premios SciFi World, Nocte, Ignotus y Celsius.

 

En esta ocasión la cubierta corresponde a Óscar Sanmartín, una portada castiza e icónica que aporta referentes autóctonos a un libro en tapa dura, no demasiado extenso, y editado con la calidad y buen gusto característicos del sello.

 

Como es de sobra conocido, la mejor forma de que una historia enganche y mantenga en vilo al lector desde la primera página es un arranque original pleno de intriga. Cañadas lo consigue con un, en apariencia, sencillo: “Pronto será de noche, pero no habrá diferencia. El cielo seguirá teniendo ese color incómodo. El fuego que baila en las ventanas sacará a la ciudad de su ceguera. Será de noche, pero no está oscuro”. Una ambientación inquietante que trastoca por completo el equilibrio con la realidad; un tono opresivo que avanza hasta la creación de una completa atmósfera de terror/horror cuyo clímax libera toda la violencia contenida.

 

El relato comienza con Samuel, un supuesto policía atrapado en un gigantesco atasco en una autovía que se dirige hacia el sur. Atrás queda Madrid, envuelta en llamas mientras sus habitantes se suicidan en masa. Es el mundo que se derrumba más allá de cualquier posible esperanza, que empuja a una multitud desesperada a huir de un mal intangible y buscar la compañía de los suyos en esos aciagos últimos momentos.

 

La interminable fila de vehículos se mueve unos pocos metros o, con suerte, unos pocos kilómetros cada muchas horas de tensa espera. Son conscientes de que la oscuridad que les acecha terminará por darles caza, pero se resisten a quedarse cruzados de brazos. El calor es agobiante, el agua y la comida se han agotado, y la angustia puede cortarse a cuchillo. Cuando parece que nada puede ir a peor, un conductor aparece muerto, estrangulado con una correa de cuero en su deportivo con los cierres echados.

 

Samuel es consciente de que debe mantener la sangre fría, investigar y descubrir al asesino porque eso es lo que se supone que hacen los policías: evitar que la impunidad desemboque en caos, ofrecer un espejismo de seguridad en mitad de la jungla; y trabajar le servirá, de paso, para redimir su conciencia, purgar antiguos pecados. Mientras la oscuridad avanza y el tiempo se acaba, un acto tan simple como ese puede bastar para darle sentido a todo.

 

 

«Pronto será de noche» es una historia de atmósfera, de introspección, de personajes. No es una novela negra al uso pese a incorporar una línea de investigación acerca de un asesino en serie (el típico caso de crimen en habitación cerrada, sin móvil aparente) sino, más bien, una trama distópica que se ambienta en un entorno apocalíptico.

 

Los diálogos son abundantes, breves y afilados. El estilo sólido, mucho más depurado que en anteriores obras del autor, en las que se podía apreciar una cierta falta de equilibrio. El escenario forzosamente inmóvil, convertido en protagonista de una obra casi teatral. Y el argumento –gente que huye a ninguna parte escapando no se sabe muy bien de qué– interpretable en clave de signo de los tiempos, de metáfora de muchas situaciones de la España reciente.

 

Los actores de esta historia, bloqueados en la carretera tras muchos días de sufrir un sinfín de penalidades, terminan por transformarse en vecinos, en seres que comparten un mismo destino. Cada uno de ellos esboza los motivos que le han conducido hasta ese monumental atasco, demasiado derrotados como para obrar de otro modo que no sea la acostumbrada rutina. Son Tote, el yonqui flacucho; Abreu, el periodista y escritor; Ruth, la cuarentona espigada; Alfonso, el rudo taxista de feo carácter; Alicia, la rubia embarazada de nueve meses que viste ropa cara; Inés, la profesora que conduce un autobús escolar repleto de niños; Cándido, un viejo con un don casi sobrenatural de la oportunidad; y un hermético hippy que se resiste a salir de su autocaravana. Personajes sin esperanza, que incurren en esporádicos accesos de agresividad mientras a su alrededor se suceden las visiones dantescas –asesinatos, suicidios colectivos, automutilaciones, salvajismo, necrofilia, canibalismo…–, y que casi siempre viajan solos (¿acaso una nueva metáfora de la existencia?).

 

Esta novela supone un radical cambio de registro respecto a los dos libros anteriores de Jesús Cañadas. El gaditano demuestra ser un escritor capaz de asumir retos francamente arriesgados a la hora de adentrarse, “con una crueldad exquisita”, en el lado oscuro del alma humana. De esta manera, la joven generación de escritores malditos de la literatura fantástica española, conformada por autores como Emilio Bueso, Ismael Martínez Biurrun, Ángel Luis Sucasas, David Jasso… cuenta ahora con un nuevo y destacado miembro.

 

Curiosamente, esta especie de “road movie a cámara lenta” como fue calificado por Guillem López, comparte tono, ambientación, trasfondo distópico-apocalíptico y no pocas equivalencias con la novela «Un minuto antes de la oscuridad» de Ismael Martínez Biurrun. Desde el título (Pronto/Un minuto… noche/oscuridad) y un discurso derrotista a detalles muy concretos, como la ubicación en las afueras de Madrid, personajes a quienes se les ha hurtado el conocimiento acerca de las razones últimas del desastre (de hecho, poco importan), un protagonista encarnado por un servidor público que aspira mantener el statu quo mediante la investigación de un crimen (alguien que padece ausencias, breves lapsos en los que pierde el conocimiento y el control), pueblos en los que incursionar en la huida en busca de alimentos, la habitual pira comunal de cadáveres o los “hawaianos” caníbales. Claro que ahí terminan todas las comparaciones, puesto que Cañadas posee tal vez una mayor vocación de narrador mientras que Biurrun es un estilista, un escritor probablemente menos objetivo pero mucho más personal.

 

«Pronto será de noche» es una novela que impacta fuertemente en el lector, con escenas de horror explícito que pueden provocar repulsión aunque no sea ese el fin perseguido. Una obra con algunas aparentes fallas de verosimilitud (los personajes asumen demasiado dócilmente la catástrofe y mantienen un atisbo de humanidad cuando ya nada importa; transcurren demasiados días sin comida ni agua; los niños del autobús deberían moverse más: protestar, pelearse, llorar, volverse incontrolados) en la que se puede apreciar un posible homenaje al maestro Lovecraft (¿”El color que cayó del cielo”?) y hay lugar para las incoherencias del espíritu humano (el desastre global se aparca momentáneamente para solventar el drama de una niña desaparecida). Un relato que cuenta con algunas potentes imágenes icónicas, como la que aparece en portada.

 

 

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